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El EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares)

Es una técnica psicoterapéutica diseñada para ayudar a las personas a sanar de los síntomas y el malestar emocional que resultan de experiencias vitales perturbadoras. Es ampliamente reconocido como un tratamiento eficaz para el trauma y el trastorno de estrés postraumático (TEPT).

Cómo funciona el EMDR:

La idea central detrás del EMDR es que los recuerdos traumáticos no se procesan ni se almacenan adecuadamente en el cerebro, lo que provoca que sigan repercutiendo en los pensamientos, sentimientos y conductas del individuo. La terapia EMDR ayuda al cerebro a reprocesar estos recuerdos para que puedan almacenarse de una manera más adaptativa.

El proceso suele constar de ocho fases:

1.  Recopilación de la historia y planificación del tratamiento: El terapeuta reúne información sobre la historia del cliente e identifica las memorias objetivo.

2.  Preparación: El cliente aprende habilidades de afrontamiento y técnicas de relajación para gestionar el malestar.

3.  Evaluación: El cliente identifica la memoria objetivo, la creencia negativa asociada a ella, las emociones y las sensaciones corporales. También identifica una creencia positiva deseada.

4.  Desensibilización: Esta es la fase central, en la que el cliente se centra en la memoria perturbadora mientras realiza simultáneamente una estimulación bilateral (generalmente movimientos oculares, aunque también pueden ser toques o tonos auditivos). Se cree que esta estimulación bilateral facilita los mecanismos naturales de procesamiento del cerebro, de forma similar a lo que ocurre durante el sueño REM. El cliente procesa la memoria hasta que el malestar se reduce significativamente.

5.  Instalación: El cliente se centra en la creencia positiva para fortalecerla en relación con la memoria reprocesada.

6.  Escaneo corporal: El cliente verifica si queda alguna tensión física o malestar relacionado con la memoria.

7.  Cierre: El terapeuta se asegura de que el cliente salga de la sesión sintiéndose estable y le proporciona instrucciones de autocuidado para el periodo entre sesiones.

8.  Reevaluación: Al comienzo de las sesiones posteriores, el terapeuta verifica el progreso e identifica nuevos objetivos si es necesario.

Influencia mexicana en el tratamiento con EMDR (Abrazo de la Mariposa):

La terapia EMDR fue desarrollada por Francine Shapiro en los Estados Unidos y es un tratamiento estandarizado y reconocido a nivel mundial. Sin embargo, el «Abrazo de la Mariposa» —frecuentemente utilizado como método bilateral tanto en la terapia EMDR como en las terapias de trauma centradas en el cuerpo— fue creado e impulsado por psicoterapeutas mexicanos Ignacio Jarero, Ph.D., Ed.D., y Lucina Artigas.

 La terapia EMDR (Abrazo de la Mariposa)-

En la aplicación de la EMDR en México, o con personas de ascendencia latinoamericana, los factores culturales desempeñan un papel fundamental en su implementación y efectividad. Los terapeutas que practican EMDR en México o con clientes mexicanos/latinoamericanos suelen considerar:

* Dinámica familiar: El trauma puede afectar no solo al individuo, sino también a la unidad familiar. Los terapeutas podrían necesitar considerar cómo los miembros de la familia perciben y responden al trauma y al proceso de sanación del cliente, y cómo se puede integrar el apoyo familiar.

* Creencias culturales sobre la salud mental y el trauma: Pueden existir diferentes concepciones culturales de la salud mental, estigma asociado con la búsqueda de terapia y creencias sobre las causas y curas del sufrimiento (por ejemplo, creencias espirituales, prácticas curativas tradicionales o el concepto de "susto" o "mal de ojo"). Un terapeuta culturalmente sensible integrará estas perspectivas con respeto y explicará EMDR de una manera que conecte con la cosmovisión del cliente.

* Idioma y comunicación: Brindar terapia en el idioma nativo del cliente (español o lenguas indígenas) es fundamental. Las metáforas, los modismos y las señales no verbales también pueden ser culturalmente específicos y deben comprenderse y utilizarse adecuadamente.

* Contexto sociopolítico: Las experiencias de migración, discriminación, violencia o desafíos socioeconómicos prevalentes en ciertas regiones de México pueden ser fuentes importantes de trauma que deben entenderse dentro de su contexto específico. El terapeuta debe estar al tanto de estos problemas sistémicos más amplios.

* Resiliencia y fortalezas: La cultura mexicana también posee una inmensa resiliencia, fuertes lazos comunitarios, recursos espirituales (por ejemplo, fe, prácticas religiosas) y un rico patrimonio cultural que pueden aprovecharse como fortalezas en el proceso de sanación.